
Al finalizar, ella cerró el portatil y se quedó pensantiva, recordando todo lo dicho, todo lo escrito y leído.
Recordó aquello que hubiera querido decir y no dijo, pero también lo que escribió y no debió haber escrito. Y es que ella sabía que no tenía derecho a decir nada,a imponer sus normas, a solicitar sacrificios, a reclamar, ni a decir lo que debía o no debía hacer.
Recordó que no hay contrato de exclusividad, que tan sólo eran amigos o como pensaba ella un número entre el 1 y el 20.